Hay lugares de Francia que no se conocen fuera. No tienen su propio cliché todavía, no generan colas en agosto, no aparecen en ninguna postal de aeropuerto. El Puy-de-Dôme es uno de ellos, y si no sabes qué ver, descuida, te llevaremos de paseo. Un departamento del Macizo Central donde la tierra todavía recuerda que fue fuego: ochenta volcanes alineados durante 45 kilómetros, todos cubiertos de verde, todos inactivos. Jacques Brel cantó alguna vez que el fuego del volcán viejo, el que todos creían demasiado antiguo, es capaz de dar más trigo que el mejor abril. Estaba hablando de amor, pero podría haber estado hablando de este rincón escondido.
Antes de empezar: dos nombres que conviene no confundir
El Puy-de-Dôme es el nombre del departamento. Dentro de ese departamento existe un volcán concreto llamado Puy de Dôme (sin guion) que es el más alto de la cadena y el más visitado. La capital del departamento es Clermont-Ferrand, ciudad de unos 140.000 habitantes que funciona como base perfecta para explorar el territorio.
Lo que hace especial a este rincón de Francia no es un solo lugar sino la acumulación: volcanes y lagos de cráter, pueblos medievales de piedra negra, quesos con denominación de origen propia, termas centenarias y una gastronomía de montaña que no necesita publicidad para mantenerse viva.
La Chaîne des Puys: Patrimonio de la Humanidad
En 2018, la UNESCO declaró la Chaîne des Puys (la cadena de volcanes del Puy-de-Dôme) Patrimonio de la Humanidad. Es uno de los conjuntos volcánicos más completos y mejor conservados de Europa, y tiene una característica que lo hace único en el mundo: todos los tipos de volcán posibles (conos de escoria, domos de lava, maares) conviven en el mismo paisaje, a pocos kilómetros unos de otros.
Son 80 volcanes. La mayoría son accesibles a pie, sin equipamiento técnico, en rutas de entre una y cuatro horas. El GR-4, que va del Atlántico al Mediterráneo, atraviesa todo el parque natural y permite recorrerlos con calma durante varios días.

El Puy de Dôme: subir al volcán más alto
Con 1.465 metros de altitud, el Puy de Dôme es el volcán más conocido de la cadena y desde su cima se abre un panorama de 360° sobre el conjunto: más de 80 volcanes a la vista, el macizo del Sancy al fondo, y en los días más despejados, el Mont Blanc en el horizonte.
El tren Panoramique des Dômes
La ascensión en coche ya no está permitida, así que debes coger el tren cremallera que lleva a la cima, y es una experiencia increíble. El trayecto dura unos 15 minutos y sigue el trazado de la antigua carretera, lo que permite preservar la flora del volcán. El billete de ida y vuelta para adultos cuesta a partir de 17,20 euros y puedes acogerte a la tarifa familiar.
La alternativa a pie es el Chemin des Muletiers desde el aparcamiento del Col de Ceyssat: una subida de algo más de una hora por un sendero bien señalizado. Si vas en familia y te animas, es la opción más recomendable para bajar.
Qué hay en la cima
En lo alto se alzan las ruinas de un templo galorromano dedicado a Mercurio, un observatorio meteorológico y un centro de información con una sala dedicada a la vulcanología. El Templo del siglo II d.C. es uno de los santuarios de montaña más grandes del Occidente romano. El espacio museográfico que explica su historia tiene acceso gratuito.
Una vez arriba, encontraréis 3 km de senderos para disfrutar de unas maravillosas vistas de 360 grados. Especialmente por la vertiente norte, donde se alcanza a ver varias de las cumbres de la Cadena de los Puys. Los Puys de Pariou, Cliersou o de Côme son fáciles de identificar con los distintos paneles existentes.
Un consejo: siempre lleva abrigo aunque haga calor abajo. La cima tiene su propio microclima y la temperatura puede bajar bastante, incluso en verano.
La Cadena de los Puys: más allá del volcán principal
El Puy de Dôme es el más famoso, pero hay otros que vale la pena conocer. El Puy de Pariou, a 1.290 metros, permite descender al fondo del cráter. Es una de las experiencias más particulares de la zona: estar dentro de un volcán, rodeado de paredes de lava enfriada, sin que la escala lo haga parecer artificial. Nada lo parece aquí.
El Puy de la Vache y el Puy de Lassolas son dos volcanes gemelos nacidos de la misma erupción cuyos cráteres no están cerrados. La tierra roja de sus laderas hace que el paisaje recuerde al planeta Marte más que a la Francia rural. El recorrido circular de ambos lleva entre tres y cuatro horas.
Vulcania: cuando los volcanes se vuelven inmersivos
El parque temático Vulcania está parcialmente enterrado en la Chaîne des Puys, diseñado para no competir visualmente con el paisaje, y tiene una misión concreta: explicar cómo funciona un volcán antes de que el visitante salga a caminar sobre uno. Con más de seis millones de visitas acumuladas, es la opción más divertida si se viaja con niños. Si aún no conoces los maravillosos volcanes de Francia, Vulcania o el Volcán de Lemptegy son dos maneras únicas de descubrirlos.
El lago Chambon: playa en plena montaña volcánica
Creado hace 8.000 años con la erupción del volcán Tartaret, el lago Chambon es un lago de presa que ha obtenido la etiqueta de Bandera Azul. Se encuentra en el corazón del Parque de los Volcanes de Auvernia, en medio de un paisaje verde.
En verano funcionan dos playas vigiladas y es posible practicar kayak, windsurf, pesca y paseos en barca. No es el mar, pero tiene algo mejor: no hay nadie mirando a ver si llevas crema solar.

Clermont-Ferrand: la capital que sorprende
La mayoría de los viajeros usan Clermont-Ferrand únicamente como base en Puy-de-Dôme, lo que es un error. La ciudad es preciosa y tiene planes suficientes para dedicarle al menos un día.
El horizonte de la ciudad puede verse dominado por las llamativas agujas negras de la catedral Notre-Dame-de-l’Assomption, construida completamente de roca volcánica. Su apariencia única ha cautivado a sus visitantes durante siglos: el color negro de la piedra le da un aspecto único que no tiene ninguna otra catedral gótica de Francia.
El Mercado Saint-Pierre es el corazón de la escena culinaria de la ciudad. Es el lugar para ver y comprar las variedades de queso de Auvernia, las charcuterías locales y los productos locales. Una mañana allí vale más que cualquier guía de viaje.
Qué comer en el Puy-de-Dôme
La truffade es el plato emblema: patatas, tomme fresca del Cantal, sal y pimienta. El nombre viene del término en patois auvernés para nombrar la patata. Es lo que la tartiflette es para Saboya: un plato de montaña, calórico, reconfortante, con el queso fundido como protagonista. La diferencia está en el queso: aquí es tomme fresca, no Reblochon.
Los cinco quesos AOP de la región son el Cantal, la Fourme d’Ambert, el Saint-Nectaire, el Salers y el Bleu d’Auvergne. El Saint-Nectaire merece una mención especial: pasta blanda, corteza florida, textura fundente y un sabor a tierra húmeda que es difícil de encontrar en otro queso del mundo. Si no sabes qué comer en Puy-de-Dôme, siempre puedes visitar uno de sus fantásticos restaurantes.
Información práctica para organizar el viaje a Puy-de-Dôme
Cómo llegar: Clermont-Ferrand, la capital del departamento, está perfectamente conectada en unas tres horas y media a través de los trenes Intercités que salen a diario desde la estación de París-Bercy. Desde Madrid o Barcelona, la combinación más habitual es volar a Lyon (a poco más de dos horas en coche) o a París, y de ahí tomar el tren hacia el corazón de Auvernia. El aeropuerto de Toulouse-Blagnac también es una opción válida si se combina el viaje con una ruta por el Gers o el Sudoeste francés.
Cuándo ir: La Chaîne des Puys es accesible todo el año, pero la mejor época para senderismo es de mayo a octubre. En invierno hay nieve en las cotas altas y el paisaje cambia completamente de carácter.
Cuántos días: Para visitar Puy-de-Dôme, con tres días completos se puede subir al Puy de Dôme, caminar uno o dos puys adicionales y conocer Clermont-Ferrand con calma. Para llegar a Saint-Nectaire, explorar la zona de Volvic y los pueblos del interior del parque natural, se necesita una semana.
Alojamiento: Los gîtes y chambres d’hôtes dispersos por los pueblos del parque natural ofrecen algo que ningún hotel de ciudad da: despertarse con el volcán en la ventana.



