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Truffade: el delicioso secreto de Auvernia hecho a base de patatas y queso

La gastronomía de Francia está profundamente ligada al relieve de sus tierras y a la capacidad de sus habitantes para transformar la escasez en excelencia. En el corazón del Macizo Central, en la histórica región de Auvernia (Auvergne), nace la truffade. Este plato rústico, contundente y delicioso, es el testimonio vivo de la vida de los pastores de montaña y de la soberanía alimentaria de los territorios altos franceses.

El origen de la truffade se encuentra en los burons, las construcciones de piedra con techos de laza que salpican las laderas de los volcanes de Auvernia. Durante los meses de verano, los pastores se instalaban en estas estructuras aisladas para guiar al ganado y elaborar el queso. Con ingredientes que soportaban el paso del tiempo y el rigor del clima (patatas almacenadas del invierno, tocino salado y la cuajada fresca del queso local) daban vida a un plato diseñado para recuperar las fuerzas tras las extenuantes jornadas de pastoreo.

El nombre del plato guarda una hermosa curiosidad lingüística y botánica. Aunque en el francés actual «trufa» evoca al preciado hongo subterráneo (truffe), en el dialecto occitano de Auvernia (auvernhat), la palabra trufá o trouflo designaba originalmente a la patata. Por lo tanto, la truffade es, en su sentido más literal e histórico, un «plato de patatas».

Tiempo de preparación: 20 minutos | Tiempo de cocción: 40 minutos | Raciones: 4-6 porciones | Dificultad: Media


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Prepara una deliciosa truffade en casa. Foto: Canva

El secreto del hilo: la Tome Fraîche

La receta gira en torno a un ingrediente insustituible en las montañas del Macizo Central: la Tome fraîche. No se debe confundir con el queso Cantal o el Laguiole curados; la Tome fraîche es la cuajada de leche de vaca (generalmente de raza Salers o Aubrac) prensada pero no salada ni madurada. Es un queso joven, elástico, que posee una acidez sutil y una capacidad única para fundirse y crear los característicos hilos kilométricos al levantarlo con la cuchara de madera.

Dado que conseguirlo en España suele ser complicado fuera de queserías muy especializadas, el éxito de la receta radica en combinar dos productos muy fáciles de encontrar en cualquier supermercado: la mozzarella gallega o de barra de buena calidad (fundamental para lograr esos hilos kilométricos) mezclada con un toque de queso tierno de vaca tipo Tetilla o Arzúa-Ulloa, que aporta esa cremosidad y el punto lácteo y ligeramente ácido tan característico del plato original de Auvernia.

Ingredientes

(Para un sartén de hierro fundido de 26-28 cm)

  • 1 kg de patatas (preferentemente de variedades firmes pero harinosas).

  • 400 g de Tome fraîche (cortado en láminas finas o dados pequeños). En caso de no conseguirlo, reemplázalo por Arzúa-Ulloa o Tetilla gallegos.

  • 100 g de tocino salado o panceta curada.

  • 2 dientes de ajo pelados.

  • Sal y pimienta negra recién molida (al gusto).

  • Unas hojas de perejil fresco (opcional, para decorar al final).

Preparación paso a paso

Paso 1 — Preparar las patatas

Pela las patatas y lávalas bien. Córtalas en rodajas no demasiado finas, de unos 3 a 4 milímetros de grosor. Es fundamental secarlas por completo con un paño limpio de cocina después de cortarlas; si retienen humedad, se cocerán al vapor en lugar de dorarse en la grasa.

Paso 2 — Fundir la grasa y dorar el tocino

En un sartén grande, preferiblemente de hierro fundido, añade el tocino cortado en tiras pequeñas. Cocina a fuego medio hasta que suelte toda su grasa y quede crujiente. Retira los trozos de tocino de la sartén y resérvalos, dejando la grasa derretida en el fondo. Si notas que es escasa, puedes añadir una cucharada de manteca de cerdo o un chorrito de aceite de girasol.

Paso 3 — El dorado lento de las patatas

Incorpora las rodajas de patata a la sartén con la grasa bien caliente. Añade los dos dientes de ajo picados muy finamente (o enteros si prefieres retirarlos luego). Salpimienta con moderación, recordando que el tocino ya aporta sal. Cocina a fuego medio-bajo durante unos 25 a 30 minutos, removiendo de vez en cuando con una espátula de madera. Las patatas deben quedar doradas por fuera y tiernas por dentro, deshaciéndose ligeramente al presionarlas.

Paso 4 — El alma del plato: incorporar el queso

Una vez que las patatas estén cocidas, baja el fuego al mínimo. Con la ayuda de la espátula o un tenedor, aplasta ligeramente algunas patatas para crear una textura rústica, pero sin llegar a hacer un puré uniforme. Distribuye las láminas de queso por toda la superficie y reincorpora los trozos de tocino crujiente que habías reservado.

Paso 5 — El arte de hilar

Deja que el queso comience a derretirse con el calor residual durante un par de minutos. Aquí comienza el verdadero proceso artesanal: con la cuchara de madera, empieza a dar vueltas de manera enérgica, levantando la masa desde el fondo hacia arriba. El queso debe fundirse por completo, abrazando las patatas y formando hilos largos y elásticos. Cuando notes que la masa se desprende con facilidad de las paredes de la sartén y forma una especie de tortilla gigante y unificada, la truffade está lista.

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La Truffade con su inconfundible hilo de queso. Foto: Guilhem Vellut

Lo que marca la diferencia

  • El control de la humedad. Las patatas no deben hervirse previamente. Su cocción directa en la grasa animal es lo que genera esa costra dorada periférica y ese sabor profundo que caracteriza al plato original de los burons.

  • Temperatura de fusión del queso. Si la sartén está demasiado caliente cuando incorporas la Tome fraîche, el queso perderá su suero rápidamente, separando la grasa y volviéndose aceitoso o chicloso en lugar de sedoso e hilado. El fuego bajo es tu mejor aliado en este paso.

  • El sustituto perfecto de la Tome fraîche. Si no dispones del queso original de Auvernia, la mejor alternativa es una combinación de 60% de Mozzarella de barra de buena calidad (baja en humedad, para lograr el hilado) y 40% de queso Gouda joven o Fontina (para aportar el punto de acidez y sabor lácteo que le falta a la mozzarella).

Cómo servirlo y maridarlo

La truffade se sirve tradicionalmente de forma directa en la sartén de hierro para que conserve su temperatura y el queso no se solidifique. El acompañamiento clásico e irrenunciable consiste en unas lonchas de Jambon d’Auvergne (IGP) (el jamón curado de la región) y una ensalada verde abundante, aderezada con una vinagreta bien ácida de mostaza de Dijon, que ayuda a cortar la suntuosidad y densidad del queso y la patata. Para beber, un vino tinto ligero y afrutado de la misma zona, como un Côtes d’Auvergne (elaborado con uvas gamay o pinot noir), equilibra a la perfección el carácter rústico del menú.

Preguntas frecuentes

  • ¿Se puede recalentar la truffade? El queso fundido pierde su elasticidad característica una vez que se enfría. Si te ha sobrado, lo ideal es recalentarla en una sartén a fuego muy bajo con una cucharada de leche o agua para ayudar a ligar el queso nuevamente, removiendo de forma continua. Evita el microondas.

  • ¿Puedo usar tocino ahumado? La receta tradicional de Auvernia emplea tocino salado (lard salé). El toque ahumado alteraría el perfil de sabor auténtico del plato, compitiendo con la delicadeza láctea de la Tome.

  • ¿Por qué se me ha separado el aceite del queso? Esto ocurre cuando la sartén retiene un exceso de grasa antes de añadir el queso, o bien porque el fuego estaba excesivamente alto. Asegúrate de retirar el exceso de grasa sobrante de las patatas antes de realizar el proceso de hilado.

La truffade representa la esencia pura de la cocina de terruño francesa: un plato nacido de la necesidad pastoril que hoy congrega a familias enteras alrededor del fuego en los días más fríos del año. Una preparación que reconforta el cuerpo y celebra la identidad de la Francia interior.

¡Bon appétit!

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